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Se cuenta que la infanta Doña Blanca, emprendió la huida de Aragón, temerosa de los celos y miedos que le tenia su cuñada, la reina. De esta forma llegó hasta Albarracín, donde la familia Azagra, dueña y señora de la población, le acigió con aparente hospitalidad. Sin embargo, nadie volvió a ver con vida a la infanta, y se dice que fue encerrada en una torre de las murallas, la que hoy conserva su nombre, donde murió de tristeza. Existe la creencia de que su apenada alma, todavía habita en la torre, de la que sale en las noches de luna llena, para bajar a bañarse en el río.

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